Tad R. Callister: ¿Gobiernan nuestra vida las matemáticas mundanas o las matemáticas espirituales?

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Uno, más Dios, es siempre más grande que la oposición, por formidable que las fuerzas opuestas puedan parecer. Esa verdad se demuestra una y otra vez en las escrituras.

Nefi y sus hermanos habían sido rechazados en sus dos primeros intentos de obtener de Labán las planchas de bronce. De hecho, tuvieron que huir por sus vidas en su último intento. Lamán y Lemuel ya estaban hartos. Estaban listos para rendirse y regresar a casa.

Entonces sucedió algo profundo —se produjo un debate entre Lamán y Lemuel por un lado y Nefi por el otro. Fue un debate clásico de matemáticas mundanas versus matemáticas espirituales. Lamán y Lemuel argumentaron que no podían regresar para obtener las planchas porque Labán era “un hombre poderoso, y puede mandar a cincuenta, sí, y aun puede matar a cincuenta; luego, ¿por qué no nosotros? (1 Nefi 3:31). Básicamente decían: “Nefi, ¿no lo entiendes? Labán tiene cincuenta hombres, nosotros solo cuatro. Es matemática básica —simplemente calcula los números y Labán gana”.

Sin embargo, Nefi no quedó impresionado con su argumento. En resumen, él respondió, “No me importa si Labán tiene cincuenta hombres; de hecho, no me importa si tiene decenas de miles —¿qué diferencia hace eso? Tenemos al Señor de nuestro lado, y cuatro hombres más el Señor siempre pueden prevalecer sobre la oposición”. O, en las palabras exactas de Nefi: “Pues he aquí, él [el Señor] es más poderoso que toda la tierra. ¿Por qué, pues, no ha de ser más poderoso que Labán con sus cincuenta, o aun con sus decenas de millares?” (1 Nefi 4:1; énfasis agregado). Resultó que prevalecieron las matemáticas de Nefi y se obtuvieron las planchas de bronce.

Moisés demostró una creencia en matemáticas similares. El ejército de faraón, quizás el ejército más poderoso del mundo en ese momento, estaba persiguiendo a Moisés y a los israelitas, que acababan de ser liberados de Egipto. Los israelitas pudieron ver el mar Rojo bloqueando su camino adelante y el ejército egipcio cerrando rápidamente la brecha desde atrás. No había una ruta de escape visible. Todo el razonamiento del mundo se combinó para decir que estaban condenados.

Finalmente, al darse cuenta de que no había una solución mundana que pudiera salvarlos, los israelitas clamaron a Moisés: “Déjanos [en otras palabras, ‘Rindámonos’]. … Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir nosotros en el desierto” (Éxodo 14:12). Pero Moisés no podía ser gobernado por las matemáticas mundanas. Sabía que había una matemática mayor. Extendió su mano y el mar Rojo se separó. Los israelitas viajaron entonces por tierra seca. El ejército egipcio lo siguió, pero fue engullido en el mar, de modo que “no quedó de ellos ni uno” (Éxodo 14:28). Los israelitas ahora sabían, al menos temporalmente, que uno, más Dios, siempre es más que la oposición, por abrumador que parezca el número.

Eliseo entendió este principio. Mientras estaba en la ciudad de Dotán, el ejército enemigo rodeó la ciudad para capturar a Eliseo. Cuando el criado de Eliseo se levantó por la mañana y vio la multitud de caballos y carros del enemigo, dijo con gran alarma: “¿Qué haremos?”. En otras palabras, ¿qué podemos hacer contra tantos? Eliseo respondió a su siervo diciendo algo que debió parecer extraño, incluso poco realista: “No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos”. Entonces, a petición de Eliseo, el Señor abrió los ojos de su siervo “y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:15-17). No era más que una manifestación del principio de que las fuerzas del cielo siempre pueden vencer a las fuerzas del mundo.

La elección entre las matemáticas mundanas y las matemáticas espirituales es una prueba constante de nuestra fe. Aparece una y otra vez en las escrituras, y aparecerá una y otra vez en nuestra vida personal. ¿Elegiremos a Gedeón y su pequeña banda de 300 soldados o a los madianitas y sus decenas de miles? ¿Elegiremos a Daniel o los leones? ¿Ammón o los ladrones? ¿David o Goliat? Los hombres del mundo apuestan constantemente por Goliat y sus secuaces; los creyentes constantemente depositan su fe en Jesucristo y Sus siervos.

Si consideramos pagar el diezmo basado en las matemáticas mundanas, no tendremos motivación para continuar cuando los gastos excedan los ingresos. Pero si nuestro pago está basado en matemáticas espirituales, nada puede impedir que paguemos nuestro diezmo —nada puede impedir que busquemos las bendiciones que sabemos que Dios derramará sobre nosotros.

Independientemente del número de la oposición o del poder mundano, no hay fuerza secular que pueda robarnos nuestro testimonio o nuestra exaltación, porque Dios ha declarado: “No temas, pues, lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará contigo para siempre jamás” (Doctrina y Convenios 122:9). La matemática espiritual es una matemática celestial que siempre tiene prioridad sobre su contraparte mundana. Nos ayuda a saber que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

La matemática mundana está basada en la razón y eso es bueno, pero la matemática espiritual está basada en la fe en Jesucristo y eso es aún mejor. El primero da los frutos del mundo, el segundo da los frutos de la eternidad.

— Tad R. Callister es una autoridad general emérita y un antiguo presidente general de la Escuela Dominical.


Los artículos de esta sección no son oficiales pero han sido tomados de una fuente confiable y acreditada. Para ver el artículo completo original, consulta la siguiente Fuente: https://www.thechurchnews.com/es/2020/12/28/tad-r-callister-gobiernan-nuestra-vida-matematicas-mundanas-o-espirituales-dios-cristo-razon-fe-12103

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